Las casi extintas ballenas de aleta vuelven en masa a las aguas antárticas

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Después de ser llevados al borde de la extinción, los rorcuales comunes, llamados también ballenas de aleta, las segundas criaturas más grandes de la Tierra, han regresado a sus tierras de alimentación ancestrales alrededor de la Península Antártica.

De 1904 a 1976, cuando la caza industrial de ballenas tuvo lugar en el Océano Austral, los balleneros mataron a un estimado de 700.000 ballenas de aleta, reduciendo su población a alrededor del 1 % de su tamaño anterior. Las ballenas, que pueden crecer a más de 80 pies de longitud, desaparecieron del Océano Austral.

En 1982, las Comisiones Balleneras Internacionales votaron para prohibir la caza comercial de ballenas, y en los últimos años, los científicos han visto ballenas de aleta que comienzan a regresar.

Científicos de la Universidad de Hamburgo viajaron a la Península Antártica en 2018 y 2019 para rastrear ballenas de aleta mediante estudios aéreos. Contaron 100 grupos de entre una y cuatro ballenas, así como varios grupos más grandes, incluyendo uno cerca de Elephant Island con 150 ballenas.

Sus hallazgos fueron publicados en la revista Scientific Reports.

«Nunca había visto tantas ballenas en un solo lugar antes y estaba absolutamente fascinado viendo a estos grupos masivos alimentarse», dijo Bettina Meyer, bióloga de la Universidad de Hamburgo y coautora del estudio, en un comunicado.

El regreso de las ballenas llega en un momento en que las criaturas marinas se ven cada vez más amenazadas por el cambio climático. Un estudio reciente encontró que, si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan sin control, un tercio de los animales marinos podrían extinguirse en los próximos 300 años. Los científicos dicen que el reciente resurgimiento de los rorcuales comunes (o ballenas de aleta) podría ayudar a combatir el cambio climático.

«Cuando la población de ballenas crece, los animales reciclan más nutrientes, aumentando la productividad del Océano Austral», dijo Meyer. «Esto aumenta el crecimiento de las algas, que por su parte absorben el dióxido de carbono de la atmósfera a través de la fotosíntesis, reduciendo la concentración de CO2 en la atmósfera.»

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Valentina Espitia

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