3 materiales sostenibles en arquitectura para construir «edificios vivos»


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¿Es tan descabellado pensar en un tipo de materiales sostenibles en arquitectura que logren que las edificaciones se reparen por su cuenta y se integren con la naturaleza al punto de no saber si fue creada por ella misma o por los humanos?

Rachel Armstrong, especialista en técnicas evolutivas no darwinianas, cree que la única forma de construir casas y ciudades sostenibles, no es a través del proceso unidimensional seguido por la arquitectura victoriana, que necesita de planos, adquisición de materiales y establecimiento de componentes en un sitio específico, sino por medio de una arquitectura sostenible, donde haya una integración total de los materiales con la naturaleza.

Los organismos vivientes tienen un dialogo constante con el mundo natural a través de una serie de reacciones químicas que llamamos metabolismo.

Esto significa la conversión de un grupo de sustancias en otro, bien sea por medio de la producción o absorción de energía, siendo esta la forma en que los organismos vivientes aprovechan los recursos locales de manera sostenible.

De esta forma, este tipo de arquitectura orgánica sería toda aquella construcción que emerge y se mantiene en el tiempo de manera natural, con una intervención casi nula del ser humano.

Protocélulas que reaccionan metabólicamente

Armstrong propone que la arquitectura utilice materiales sostenibles para arquitectura que tengan reacciones metabólicas. Con la ayuda de arquitectos y científicos, está buscando una manera de convertir materiales inertes en estructuras «vivientes».

Para tal misión, se unió al químico Martin Hanczyk, quien trabaja en un sistema llamado Protocélulas, una bolsa de grasa con una batería.

Las protocélulas no son organismos vivos, pues no poseen ADN, pero son capaces de moverse o comportarse en su entorno de una forma que podría describirse como viviente.

Puede desplazarse en su ambiente, seguir gradientes químicos y experimentar complejas reacciones químicas, algunas de las cuales son afortunadamente arquitectónicas.

Rachel Armstrong

Mostrando varios ejemplos a la audiencia, donde aparecían diferentes tipos de protocélulas en eventos metabólicos diferentes, se podía observar algunos tales como

  • La creación de patrones en su medio ambiente
  • El cambio de su propia piel
  • La obtención de una protocélula que puede extraer dióxido de carbono de la atmósfera y convertirlo en carbonato.

Aunque en esta etapa de investigación, las protocélulas son débiles, violentas e inestables, Armstrong afirma que lo que intentan hacer es presionar estas tecnologías para que se creen nuevos enfoques de construcción. Así contrastaría con los métodos victorianos habituales que tratan de imponer la estructura sobre la materia en lugar de integrarla.

Si echan un vistazo a la mampostería de la ciudad de Oxford, verán que la mayoría de ella está construida con piedra caliza, y si miran aún más cerca podrán notar pequeñas conchas o esqueletos apilados unos sobre otros. Estos terminaron fosilizados con el paso de millones de años.

Madera y piedra caliza para formar arrecifes

Las piedras calizas como tal no serían gran cosa si no tuviesen estos organismos, que son, según Armstrong, quienes se comunican con su entorno.

¿Podrían estos organismos entonces extraer dióxido de carbono y dar nuevas propiedades físicas a la piedra?

La respuesta es sí. Incluso podrían hacerla crecer, autorrepararse y responder a cambios dramáticos en el entorno local.

Así que al pensar en materiales metabólicos se piensa en grande. Se puede comenzar pensando en hacer intervenciones ecológicas como la reparación de atolones o de las partes de una ciudad dañadas por el agua.

Uno de estos ejemplos es la histórica ciudad de Venecia. Esta, como todos sabemos, tiene una tempestuosa relación con el mar y esta edificada sobre pilares de madera.

Así que hemos divisado una forma en la cual sería posible que las protocélulas reconstruyan Venecia de manera sostenible.

El arquitecto Christian Kerrigan ha mostrado una serie de diseños en los que se aprecia cómo se podría hacer crecer un arrecife de piedra caliza debajo de la ciudad.

“Con la tecnología protocelular que tenemos hoy, justamente se puede crean una coraza, tal como lo hicieron sus antepasados en la piedra caliza. Además, se depositaría en un ambiente complejo contra materiales naturales” afirma Armstrong, a la vez que muestra los diseños de protocélulas.

¿Cómo manipular estos materiales?

“La parte interesante es que no queremos que los materiales se depositen en cualquier sitio, por lo que las protocélulas deben estar creativamente conformadas alrededor de los pilares de madera.

Las protocélulas, según estudios de laboratorio, pueden alejarse efectivamente de la luz, lo cual las conduce por inercia hacia las bases de la construcción.

No es que todas lo hagan, también hay algunas que se mueven hacia la luz, solo que se debe seleccionar la especie, manipulada en cierto modo por medios químicos.

Los materiales se aglomeran petrificándose y continúan creciendo hasta crear un arrecife solido.

“Esto no va a suceder mañana. Tomará un buen tiempo, años de monitoreo y afinamiento de esta tecnología con el fin de ensayarla, de acuerdo a las condiciones, en los edificios en peores condiciones de Venecia.

Pero a medida que pase el tiempo, el arrecife emergerá y además, atraerá a la ecología marina local, que encontrará allí sus propios nichos”.

Lo interesante es que estamos ante la concepción de una nueva forma de ver la arquitectura que conecta la ciudad con el mundo natural de manera directa.

En conclusión

Esta tecnología no tiene restricciones de disponibilidad pues el material se encuentra en toda la química terrestre.

Además, las formas arquitectónicas serian infinitas, ya que, sin ser organismos vivos, los materiales metabólicos adoptarían variadas formas y tamaños de acuerdo al ambiente, logrando una especie de biomímesis.

Lo curioso es que para un observador en el futuro, maravillado con una estructura en el ambiente, sería casi imposible distinguir si tal estructura fue creada natural o artificialmente.

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